Antes de morir exige que su cuerpo sea ungido con mirra y con incienso, que sea cremado, que sus cenizas se recojan en una urna de alabastro, que sus deudos las esparzan desde un helicóptero sobre toda la ciudad con la máxima ecuanimidad posible: que ningún barrio reciba más que otro.
Después de muerto sus deudos descubren que el incienso no sirve para ungir y lo entierran en la Chacarita.
Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009